viernes, 14 de septiembre de 2007

TEORÍA. introduccion de "oralidad Postmediática" y Presentación del nuevo trabajo medieval.

por un lado Desee profundizar en la historia de Jacobo Grimm de los tres pelos de oro del diablo, a partir de una versión que encontre del mismo en un libro colombiano llamado "lecturas sabrosas" que tenía mi familia. Este cuento luego ha sido adaptado por el brillante trabajo de Carolina Rueda en algún momento del 90 (lamentablemente no lo escuche nunca de ella). Ahora desee explorar el texto nuevamente.


presentación teatro hilos mágicos


Extracto de los tres pelos del diablo, cuento dentro de Ficciones y Contradicciones. el ultimo trabajo que combina una narrativa medieval, con lo postmediático.


Además aqui este el texto de introducción de "Oralidad Postmediática"

"La Oralidad Postmediatica: Procesos de resignificación y rituales de la cuentería como fenómeno comunicacional en la ciudad de Bogotá 2004-2008

“Desde tiempo atrás tengo la convicción de que el primer obstáculo para el narrador de historias surgió cuando éstas comenzaron a escribirse, cuando, en vez de pasar de mano en mano como criaturas vivientes, sufrieron esa especie de muerte que las sepultó en la primitivas tabletas de arcilla y luego en las modernas páginas impresas.”
Ruth Sawyer. En “El diseño del pasado”
“partimos de un hecho fundamental: la comunicación tiene lugar en un contexto donde se da una participación simultánea de las personas que intervienen y que interactúan. Esta presencia es la activa, construye y negocia las características de la narración, la que fija los temas y las formas, y el resultado del proceso dependerá de las características psicosociales del grupo, es decir, de su estatus o su imagen. …las expectativas del público serán las que finalmente fijen el texto.”
Gemma Lluch. En “ De la narrativa oral a la literatura para niños”

A manera de exordio

Me exijo a emprender este escrito, pensando en las dos dimensione que han rodeado mi vida: la oral y la escrita. Puedo entonces iniciar mandando señales de hollín desde el recuerdo, para que el inicio no solo sea un anecdotario sino además una confidencia: era tartamudo desde temprana edad; por eso me refugiaba más en lo escrito que en lo oral, al considerar lo fonado como un peligro. La comunicación que tenia con mi entorno no era en modo alguno asertiva; las palabras se entrecortaban y pensaba secretamente que poseía un problema grave porque la gente que me rodeaba (amigos de infancia y juegos de cuadra) no hablaban el lenguaje que me agradaba y que yo utilizaba. El resguardo, al conservar tales abismos con lo demás, fueron los libros: al menos no tendría que preocuparme por entablar una conversación, y conseguirían brindarme la compañía que necesitaba entonces; por ello la literatura me rescató de la taciturnidad intelectual en la que me encontraba y me puso a configurar y a representarme nuevos imaginarios y mundos posibles. Una tarde de febrero de 1994 me encontraba divagabundo (divagar y caminar al mismo tiempo) cerca a la plazoleta de Arquitectura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, y llega a mis oídos un rumor parecido al de una risa de grupo; me detuve un momento para confirmar tal sensación, y en efecto era la risa de una multitud de personas: frente a una plazoleta parecida a las viejas Ágoras griegas, se encontraba un cuentero que narraba sus experiencias frente a la escritura automática; podría perfectamente describir toda una cantidad de pensamientos que se me antojaban muy personales y cercanos. Las imágenes que sugiere el narrador en ese momento, son contundentes y aún resuenan en mi memoria. Sin darme cuenta yo ya no era un transeúnte que curioso estiraba la cabeza, sino que era participante de una pequeña cofradía de escuchas que como yo se dejaba tocar por todo lo que el narrador mencionaba, describía y relataba. Una de las imágenes que más me impacto en ese momento consistía en que el protagonista del cuento tomaba un lápiz Mirado Número 2 para escribir algo profundo y con sentido, después de un de jabón debajo de sus axilas; el protagonista se aislaba como un asceta y después de singulares operaciones alucinógenas se dedicaba a escribir lo que se le viniera a la mente, que era en últimas, el cuento que narraba el cuentero al final de su espectáculo: “Si gritaba Osa Mayor, cruz del Sur o Tú desnuda, una constelación de luciérnagas carnívoras volaba a ras del suelo, entre las sábanas recién violadas…(…)”… y después de tal frase venían otras como (…)“ Al Nilo, río de los muertos, ni lo conozco”, (…) “soy tuerto en reino de entuertos”(…).(1) El cuentero de nombre Gonzalo Valderrama Múnera seguía con su gran estructura de palabras, que evocaban una extraña sensación tan arrolladora que deseé en ese mismo momento dejar de ser tartamudo y utilizar ese arte de contar cuentos como algo terapéutico para mi lengua semi fluida.

En la tarde de ese miércoles con pronóstico de lluvia, escuché de la boca de tres narradores, estilos diferentes de contar cuentos: un arte milenario que parecía volvía a adquirir algún tipo de trascendencia en los universitarios de esa época; no me preguntaba en ese momento la importancia que podría adquirir en mi futuro la cuentería, era sin más, una representación de mundos y realidades que aunque lejanos, permanecían vivos y dinámicos en ese espacio de cuentería. Estuve como publico durante tal vez 4 horas sin interrupción, y luego no falte a la cita que el coordinador del espacio de cuentería lanzaba al público nuevo de “no faltar el miércoles siguiente”.

En efecto, los miércoles que siguieron, me deje seducir por las historias que narradores urbanos o tradicionales contaban. Me agradaban más los narradores que podían no solo relatar cosas del pasado, sino hechos cotidianos envueltos en cierta aura de realismo mágico urbano. Esta clase de cuenta-cuentos, reforzaban más mi intención de volcarme al mundo de la cuentería, imitar a estos señores de palabra viva. ¡Que largo camino me impuse para llegar a comprender lo que significaba “contar cuentos”!

Las primeras etapas que tuve que enfrentar en el fenómeno de este tipo de Oralidad fueron más de acierto y error: al considerar que el sendero que quería recorrer era vecino al de los cuentos que leía, fruto de mi afecto a la literatura, traté de acercarme a aquellos que ya tenían un manejo real de la “Cuentería”. Fue por ello que empecé a asistir en ese momento al taller de narración oral que la Universidad de los Andes ofrecía a sus estudiantes y a los que desearan conocer de cerca el nuevo fenómeno de las plazas universitarias. Solo hasta el segundo año de estar contando en espacios universitarios, imitando a los “cuenteros” que en ese momento convocaban público y reconocimiento, me encontré con los primeros textos que se referían expertamente al fenómeno de la Oralidad, que deje a un lado por la sensación fácil de empezar a contar como los “grandes” lo hacían.

Es cierto, en ese momento pensé que la forma más apropiada de encontrarme con la Oralidad era desde lo que yo “veía” sobre cuentería. Me preocupaba más por adaptar y adoptar cuentos leídos y pasarlos al lenguaje vocal, pero esta forma de contar me daba inseguridad y no sentía el gran “efecto” que poseían aquellos que llevaban más tiempo y plazas universitarias contando cuentos. Fue por ello que me convertí en un imitador no solo de herramientas que observaba efectivas en los demás, sino de cuentos y “presentaciones enteras” de los cuenteros universitarios de esos días.

En aquellos años, gané algún reconocimiento por el relevo generacional que se exhibió en los espacios de cuentería, cuando algunos de mis “modelos a seguir” se fueron por que se graduaban, o simplemente deseaban contar en otros lugares. Allí tuve un obstáculo, a saber: como yo era imitador de un estilo cotidiano llevado a la hilaridad fácil, los nuevos programadores de espacios universitarios de Cuentería (que ya eran más de 5) cerraron filas para con mi narrativa netamente urbana y considerada “chistera”. Pero en ese momento, yo tenía un “pequeño castillo feudal”, que era el espacio de la Universidad que me había visto nacer como narrador en 1994. Tener este tipo de reconocimiento, se me subió a la cabeza, en más de una ocasión los cuentos fueron repetidos una y otra vez tratando de ganar más aceptación dentro del publico.

En 1998 siguiendo el ejemplo de algunos otros y queriendo contar en otros lugares que no solo fueran mi alma mater, fui a un espacio callejero: la plaza fundacional de Usaquén y allí estuve un año siguiendo con las mismas reglas que me habían vuelto un éxito en mi universidad. Los cuentos empezaron a ser de mi cosecha, pero conservaban la misma vieja estructura de hilaridad por mas de una hora y una moraleja al final de la historia para que “tuviese sentido lo dicho”.Tanto reconocimiento en ese espacio creó una caricatura en el interior de las cosas que narraba; al ser, no buscaba nuevos entrecruces, repitiendo constantemente lo que -observaba en mi criterio - era seguro en ese espacio: la risa y el efectismo.

Así que de la primera vez que conté, con las manos cerradas y la ansiedad en los muslos, con toda la tartamudez de palabras a ese momento una tarde de mayo de 1994 a los cuentos de plaza y calle, no había realizado ninguna propuesta nueva o novedosa y simplemente era denominado “el Andrés López negro”. En esos momentos el círculo de narradores consideraba el trabajo de calle y el de risa como una burla del modelo de adaptación literaria y cuentos “bien contados”.

En otras palabras, dentro de las dinámicas del mundo del que deseaba ser parte, existía un cierto respeto por la palabra escrita que se adaptaba en el lenguaje oral; algunos llevaban lo oral respetando su origen. En ese movimiento originario, la propuesta que yo proponía dentro de los espacios universitarios era rechazada. Preocupado por aceptación dentro de mis iguales, que me daría un acceso al mundo de la cuentería universitaria: sus espacios, su lenguaje, sus elementos verbales, no verbales, paraverbales que observaba en ellos, decidí tratar de contar relatos que poseían, en un principio, cierta magia seduciendo mis oídos la primera vez.(2) Había avanzado un poco por mi sendero interno, pero mi admiración por los cuentos literarios y llenos de imágenes la transformé en un reconocimiento de parque y un divismo fatuo, que se fortalecía día a día. Claro que la experiencia en calle me dio grandes enseñanzas, que trajeron nuevas reflexiones frente al manejo de público al lenguaje que se debía utilizar, a escuchar lo que la gente deseaba de los narradores. El tiempo transcurre y observo cómo detrás de mi hay más individuos que deseaban contar; en ese momento amparé a los nuevos con la esperanza de que no se cometiera el error histórico de la exclusión al que había sido “sometido” por mis pares puristas. Gran error, porque en el término de algún tiempo muchos empezaron a imitar el estilo de mis cuentos, que era a su vez una copia de un estilo universitario inaugurado por otros. Salen a escena muchos de estos narradores que toman posesión de la calle y que reproducen los elementos de la risa y los elementos que eran efectivos en ese momento (bien, aún lo son). Comenzar a compartir y enseñar algo que yo no comprendía me llevó a que en febrero 1999 y por voluntad propia, dejar el espacio de Usaquén, con él la “cuentería” y su enseñanza; al sentir que era cuentero más por reconocimiento que por el mero hecho de contar - que había sido mi impulso primigenio- tuve que alejarme un tiempo.

En marzo de 2000 y después de un año de inactividad, volví al espacio que me había visto nacer: la universidad de los Andes. Llevé una propuesta escénica en la que había puesto mis esperanzas y algunas de las reflexiones surgidas de mi mutismo. Esta propuesta diferente, involucraba música y cotidianidad mejor elaborada, producto de un primer acercamiento a la teoría sobre Oralidad. Tal trabajo me llevó a participar en el ABRAPALABRA 2000 el encuentro Iberoamericano de cuenteros en la ciudad de Bucaramanga y a que tuviera una pequeña ventana abierta por los cuenteros posicionados e internacionales. Pero, pese a esta prosperidad, seguía conservando un malestar interior y exterior. Conservaba soberbia frente a lo que contaba y cómo contarlo; no sentía mucha evolución en mi labor narrativa y deseaba relatar otro tipo de cuentos, colmados de imágenes sugerentes, la descripción de una puerta y una mujer de cintas púrpuras en el cabello, que espera que su pretendiente cumpla una misión casi imposible por su amor. El panorama de mi reflexión me ha hecho buscar un estilo que combine los cuentos tradicionales o literarios, con algunas entrecruces rescatables de mi proceso de formación en la “Cuentería”.

Con este comienzo autobiográfico deseaba ofrecer algo que se aprecia como herramienta fundamental en la “cuentería”: la sugerencia. Deseo entonces poner en este escrito una sugerencia a saber: El narrador de historias desde que el hombre es hombre, ha acompañado sus creaciones orales de insinuaciones con las que puede ciertamente realizar sus relatos. Por medio de un exclusivo sistema de signos, el narrador de historias puede expresar la identidad de un grupo determinado y con él, poder comunicar al mundo externo su visión del orbe, en busca de comprensión de lo que le rodea y de oídos atentos que escuchen esa posible explicación de mundo. Para la mayoría de las culturas, la palabra tiene un carácter sagrado porque “el hombre al crear el lenguaje se crea a si mismo”. Mi sugerencia se enmarca en pensar que, el arte de la Oralidad aún en estos momentos de las mega redes globales de información, conserva la seducción y encantamiento que ha poseído siempre, pero con algunas variaciones que deseo analizar con algún detalle en estas páginas.

Mi objetivo en el presente escrito es: realizar una reflexión del fenómeno de la Oralidad entendida como cuentería. Tales reflexiones giran en torno a algunos ítems: el primero es una reflexión del fenómeno de la Oralidad en retrospectiva. En este paraje acudiré a un itinerario muy breve sobre el “ser oral” en el hombre y la importancia de la vieja disputa entre la cultura grafa y la cultura oral; describir este enfrentamiento latente en las sociedades humanas nos mostrará el constante palpito, la constante pulsión entre la representación simbólica procedente del mundo oral, su entrecruce con la palabra de la galaxia Gutenberg y el vínculo cercano que poseen estas dos esferas con las dinámicas audiovisuales.

Posteriormente, realizaré una reflexión sobre la el fenómeno oral en nuestro territorio (latinoamericano en general y colombiano en particular), para terminar con el análisis fenomenológico actual de la Cuentería universitaria y de calle en Colombia, pero visto desde algunas voces que vieron, sintieron, y describieron el fenómeno desde adentro; es decir que abordare las voces de nuestra Oralidad desde su producción y sus entrecruces narrativos, para mostrar el vinculo real y palpable de esta costumbre enriquecida en los últimos tiempos, dentro del gran panorama de un ecosistema mediático. Mostraré algunos de los entrecruces utilizados en la nueva vocalidad entendida como Cuentería universitaria, desde el análisis de sus cuentos y sus protagonistas, ahora en el nuevo panorama que son los espacios de calle. Es claro que tal descripción no dejara de lado las costumbres, herramientas simbólicas y significativas de lo que representa el acto de contar cuentos y de escuchar a cuenteros.

Con todo, pondré a consideración del lector, apartes de entrevistas muy inquietantes a los protagonistas de la cuentería en Colombia, no solo los productores de cuentos en los lugares donde se realizan, sino además los públicos que escuchan que la narración pervive en ellos y en los productores; son las múltiples voces que susurran la reconstrucción del pasado cercano y del presente actuante, y que plantean con sus dinámicas grupales, nuevos desafíos. Retos que lleva la narración oral desde sus protagonistas y desde sus receptores- escuchas, que son en últimas, aquellos que le siguen brindando sentido al hecho de narrar cuentos.

Finalmente es mi deseo argumentar que es en este momento de la historia, donde nuestra sociedad podría contener en su interior, un punto intermedio entre las directrices del cine y de la televisión: una alternativa latente que resiste pasivamente a las verdades de la videosfera, o incluso un punto que realiza un mestizaje de tales elementos y los lleva un paso adelante; una cierta ágora donde el individuo del grupo se cree parte de su entorno sin dejar su carácter personalizante de las culturas letradas hegemónicas; este lugar donde las combinaciones constantes de escrituras y métodos, todavía resiste desde el mundo de las sugerencias, de las metáforas, las que he deseado contar desde hace mucho.(3)

Es menester anunciar al lector del presente escrito, que en algunos momentos las construcciones argumentativas pueden llegar a ser reiterativas y tediosas en su desarrollo y consideraciones. Tal licencia tiene como objetivo desarrollar al máximo los descubrimientos hechos sobre el particular e inaugurar una nueva veta de investigación: el del escenario postmediático y las actitudes postmedia.

Sin embargo dentro del planteamiento general del presente texto existe un hecho que responde a las dinámicas propias de nuestro tiempo: esta tradición oral revalorada, también se acomoda a los filtros proporcionados por el divertimento y exige que su ser en el entorno cultural responda a lo dictado por un mercado del ocio; la nueva tradición, por esta especie de voluntad cultural post-mercantil, hace que se adapten los relatos que surgen ahora, con los lineamientos del entretenimiento: una verdadera fagocitosis.(4)

Es este escrito un primer paso para poner de manifiesto un posible nuevo panorama , o simplemente identificar un momento al que se ha llegado, aún sin explorar en su totalidad, sin considerarse todo su potencial: la era postmedia; este nuevo lugar, donde las prácticas artísticas y culturales, se vuelven un panorama abierto mezclado, desjerarquizado y descentralizado; pero que también responde a un cambio semiótico de nuestro conglomerado, donde se dan cabida a grandes entrecruces entre la videosfera, la grafosfera y la logosfera, es decir un panorama abiertamente nuevo en el que navegamos, tratándonos de comprender.(5)
______________________
notas:
1. Estos extractos son frases de memoria que se quedan al escuchar el texto llamado Manual de Antropofagia, que según el autor en alguna revista se publicaron pero que ahora mismo solo existen en su cabeza y que no fue conseguido lamentablemente, ni el texto ni al narrador selenita. VALDERRAMA, Gonzalo “Manual de Antropofagia” I Post-Mortem texto oral.

2. En este contexto Gemma Llunch resume en la narrativa oral, una serie de elementos se utilizan en el acto de contar historias. Los elementos no verbales van más allá de la palabra y se definen como el movimiento, la calidad de la voz fonada, o la “organización del espacio social” y el gesto. Estos elementos sirven para cambiar el orden de la narración o para “restablecer el contacto con el público”. Ellos en últimas son elementos proxémicos. En cuanto a los Paraverbales, son estos que se encuentran en la frontera del gesto y la palabra, son simplemente “elementos vocales pero no lingüísticos”: timbre calidad de la voz e intensidad de la misma en momentos importantes del relato; los silencios, la pausa o palabras murmuradas. Cfr. LLUNCH, Gemma et al “De la narrativa oral a la literatura para niños. Invención de una tradición literaria”. Traducción Juan Manuel Espinosa. Grupo Editorial Norma Bogotá 2006. pp. 28-32

3. QUÉAU, Philippe “Lo Virtual: Virtudes y vértigos”. Ediciones Paidós, Barcelona. 1995. p34.

4.Cfr. LLUNCH, Gemma et al “De la narrativa oral a la literatura para niños. Invención de una tradición literaria”.

5. BREA José Luis “la era postmedia: Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales” Editado en pdf 2002.en la página web: http://www.edicionessimbioticas.info/IMG/pdf.

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